Meditación y Sanación por Autorrealización

EL DON Y CONSECUENCIAS

31.03.2010 21:10

Si nos sentimos bien, y no sufrimos sirviendo al prójimo, si sentimos y observamos el sufrimiento al interior de las personas, y si los ayudamos realmente a través de un don, y estamos conscientes de todo esto que se menciona arriba, estamos equipados con una protección natural que nace del estado mental, y de un nivel superior de consciencia. Si esto es así, que Dios bendiga, y engrandezca este don al servicio del prójimo, porque hay un dicho que dice: “pues al que haya multiplicado se le dará y tendrá abundancia; pero a quien no haya multiplicado, también lo que tiene se le quitará”.

En ciertos casos cuando las personas dicen tener el “don” de la sanación, estas personas vienen a verme, comentando que ellos tienen las mejores intenciones del mundo, y desean ayudar al prójimo; pero, después de un cierto tiempo, estas personas comienzan a sentirse mal, se sienten fatigados, nerviosas, con insomnio, con los mismos síntomas de las personas que dicen haber curado, o sanado.

Estas personas que dicen tener el “don” de sanación, me piden el permiso de meditar en el templo cerca de mi persona, pues según ellos, durante la meditación, se sienten purificados, espiritual, física, y mentalmente.

 Se sienten bien, equilibrados, y con la fuerza de continuar sus actividades de sanadores, y con el cotidiano, gracias a la meditación.

De todas maneras a la mayor parte de estas personas, les digo que no están equipados para sanar, o curar a los otros, o realizar una actividad de naturaleza espiritual, mental, o psíquica, que vaya en detrimento de su equilibrio psicofísico. Pues la inquietud, la obsesión de servir, si esto va al extremo, se convierte en sufrimiento para aquellos que quieren ayudar a los otros.

Pues algunas personas que se han curado, atribuyen esta curación a la persona que dice tener el “don” de sanación. Esta experiencia para el “sanador”, lo obsesiona, lo mistifica, y cree realmente que tiene ese “don” de sanación, y que Dios, o las entidades lo han escogido para este propósito de sanar; pero cuando no tiene buenos resultados este sanador se decepciona, se deprime, y complica su vida. Mientras dure su inestabilidad física, psicológica y mental, lo único que haces es transmitir estas imperfecciones al enfermo, acentuando más sus males, y desequilibrios psicofísicos.

Muchas de estas personas que dicen curar, tienen problemas psicológicos, mentales, y físicos, porque no están equipados, no tienen la capacidad, el control, y la maestría, de regular su naturaleza, y sacudirse de las ponzoñas, y de las miasmas deletéreas de las personas enfermas, que ellos dicen curar. Y como dijo Jesús el Cristo: “Si un ciego guía a un ciego, los dos se caen en un hueco”.

Posiblemente el don de ciertas personas, no es el don de sanación, o curación; pero por realizar otra actividad, como dar un buen consejo, de una manera u otra. Esto también lo hacen los psicólogos, que sufren las consecuencias de escuchar tantos problemas, sintiéndose fatigados, y deprimidos.

 Los problemas de muchos profesionales en psicología, en psiquiatría, son de no creer en la mística, en la espiritualidad, y en la multidimensionalidad de la persona enferma. Ellos seguramente no tienen la capacidad consciente de liberarse de la energía mental negativa de las personas que les consultan; pero de una manera inconsciente, desapercibida el malestar del profesional desaparece de una manera natural, o por ingestión de un medicamento.

Pero es muy diferente para aquellos que creen en la sanación espiritual, y que dicen “sanar”, estas personas son más vulnerables a las influenzas del mundo espiritual de la persona enferma, psíquica, mental, y espiritualmente. Pues su estado de consciencia es muy diferente a la de una persona materialista que realiza su profesión de una manera pragmática, salvo los casos de algunos psicólogos, psiquiatras, que experimentan la espiritualidad con sus profesiones, como es el caso de la relajación, la hipnosis que medrosamente la usan.

En estos casos, tampoco ellos esta equipados, o protegidos, y ellos deben practicar la meditación, para crear una campana de protección, que le dará la capacidad de realizar, mesclar estas terapias diferentes, por la vía del medio, para equilibrar los extremos, ya que su profesión y la espiritualidad no se contradicen.

Muchas personas personas son iniciadas para realizar tal o cual trabajo, y realmente hay profesionales que tienen las mejores intenciones de enseñar, e inician de esta manera a los que también tienen el deseo de labrarse un mejor futuro, y mantener un estatus de vida que les permita vivir dignamente, empezando por algo, por una enseñanza que es realmente una iniciación en la vida de cada persona que empieza a escalar los muros de la realidad, del entorno, que no es tan fácil al comienzo, porque en este camino, recoge los frutos dulces y amargos de las experiencias de la vida, que le dará la maestría, el conocimiento, y la sabiduría de integrarse a una sociedad variopinta, donde la tolerancia, el amor, y el servicio, le permitirá vivir en armonía con el colectivo humano.

De otro lado las “iniciaciones”, de los dicen realizar, y de los que dicen ser “iniciados”, están en el círculo vicioso de los intereses creados, para un propósito más material que espiritual. Hay una preparación, y evolución de muchas existencias, y de esto debemos estar conscientes, para comprender el verdadero significado de la INICIACIÓN, y no de las “iniciaciones”, que se realizan a la vuelta de la esquina por personas inescrupulosas que dicen ser “maestros” iluminados, que están en contacto con la corte celestial, que de hablan de la primera, hasta la décima dimensión de consciencia, y que están premunidos de una gran sabiduría y poder para iniciar a los incautos, y porque no a distancia vía Paypal. Cuando hace cientos de años las personas inquietas por desarrollarse espiritualmente, viajaban miles de kilómetros, para encontrar a un verdadero maestro que los iniciara en el camino de la evolución y del desarrollo interior, maestros que si tenían el poder de iniciar, que no usaban fetiches, cristales, símbolos, o les contaban cuentos chinos a los discípulos, sino que les enseñaban con la verdad dulce y amarga de una realidad que está en otra dimensión de consciencia, en la que muchos que decían buscar la verdad, se retiraban,  porque no estaban preparados para comprender estas verdades que no eran de este mundo.

Otros que no eran aceptados, cuando el maestro los observaba, y les decía que deberían volver el próximo año, que debían continuar fogueándose en la vida material, para comprender con las experiencias, los pares de opuestos, la dualidad, la vida que los hará fuertes, sensibles, receptivos, y con la capacidad de comprender la unidad de la vida divina, donde no hay mesías, salvadores, ángeles, maestros, símbolos, fetiches, mantras, y otros.

Única realidad que les hará comprender el verdadero significado de las emanaciones, dimensiones inferiores, subordinadas a la consciencia Absoluta de lo que muchos llaman Dios, donde sí existen los ángeles, fetiches, símbolos, formas, maestros, mantras, que han permitido el desarrollo, y la evolución de las humanidades, de las especies, de la naturaleza, noche de los tiempos.

Es por lo que les digo, que si vivieran una verdadera iniciación, no estarían en este mundo tridimensional, y en un instante el espíritu, la consciencia, la mente, se diluirían en la esencia absoluta, sin forma ni nombre, perdidos en una dimensión infinita, en la cual el temor, la dependencias del ego que todavía se manifiesta por el misterioso poder de la divinidad, para que pueda “regresar” a la vida material con el conocimiento de saber y de Ser, hasta que se cumpla su ciclo de vida en este mundo material, o en otros mundos, donde seguirá encarnándose, ya no como una persona común y corriente, sino como un verdadero maestro, con la capacidad de iniciar con fuego y no con palabras.

Y este es el comienzo en la gran trayectoria del espíritu, encarnándose en los Diferentes mundos, o dimensiones de consciencia, hasta que “retorne” a la esencia de su divinidad, sin forma ni nombre, Absoluta, Dios.

 

Hno Rodolfo

 

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